Katy y su dolor de cuello

Hace unos meses iba en el coche con unos amigos por una calle muy obscura, en la cual no se alcanzaba a ver bien el camino y mucho menos los hoyos y los topes.

 

Me subí en la parte de atrás en el lugar de en medio, no me puse el cinturón porque no acostumbro ponérmelo cuando voy en la parte de atrás de un coche (ya sé que está muy mal). Estaba buscando una dirección en mi celular así que no iba muy pendiente del camino, de pronto escuche como rechinaron las llantas cuando mi amigo hizo el intento de frenar y por unos segundos perdí totalmente el control de mi cuerpo. Había un tope enorme que no se veía y no le dio tiempo de frenar, así que mi cuerpo se elevó y mi cabeza pego con el techo del coche, fue tan fuerte el golpe que pude escuchar perfectamente como trono mi cuello y pude sentir un tirón desde la parte superior de mi espalda hasta el coxis, con mi cabeza rompí los focos que vienen en el techo.

Mi amigo se estacionó y preguntó si todos estábamos bien, yo fui la única que dije que no, porque estaba asustada y un poco atontada del golpe, pero después de unos minutos que estuvimos estacionados el dolor de cuello empezó a bajar y el susto también, así que seguimos nuestro camino y me olvidé del percance por esa noche. 

Al otro día amanecí con muchísimo dolor en el cuello, casi no podía girarlo de lado a lado, entonces fui a una farmacia para que me revisaran.

El doctor de la farmacia me dijo que al parecer no tenia una lesión grave, que simplemente estaba inflamada, así que me mandó unas pastillas de Ketorolaco y me dijo que si después de tres días seguía el dolor, que entonces tendría que irme a sacar una radiografía, pero al cabo de tres días, mi cuello estaba como nuevo, así que la solución fueron esas maravillosas pastillas. Lo que aprendí es que nunca me volveré a subir en la parte trasera del coche de ningún amigo y menos sin cinturón. Gracias a ese golpe, ahora siempre digo que tengo que ir adelante y puedo cambiar el radio a mi gusto.